La foto no tiene calidad, es más, está escaneada, en esa época no había cámaras digitales o yo al menos no tenía (eran las navidades de 1996). Pero lo que sí tiene es mucha historia, bueno, mucho de mi historia.

Está tirada desde la terraza de mi antigua casa de Getafe, donde viví desde que nací hasta que mi padre tuvo que venderla por quedar en silla de ruedas y ser un tercero sin ascensor, es decir desde 1975 hasta 1999. Toda la vida con el tren pasando debajo de casa y en el 2000 ya no existía el tren, lo soterraron. Por tanto la foto una cosa sí que es, IRREPETIBLE. Además nunca hubo una nevada tan grande en mis años de vida y ya aunque la halla, las vías no están.
Recuerdo a mi abuelo, que tras morir mi abuela vivía en casa de sus hijos. Pues el mes que estaba en casa, si hacía bueno, se salía a la terraza con una cervecita que mi madre me daba para que se la diera a mis 11 años. Y se pasaba la tarde mirando la gente pasar y sobretodo mirando el tren. En esos años no pasaban tantos como ahora, pero recuerdo como si fuese ayer a mi abuelo cada vez que pasaba un tren. “Joder, anda que no trae vagones, y otro y otro, este tren no termina nunca.” Y eso cada 15 minutos 2 veces, uno con el que iba a Madrid y otro con el que venía de allí. Y el mes de verano que a las 2 de la madrugada seguíamos en la terraza gracias al calor madrileño, como todas las noches, pasaba un tren de Repsol, que tenía bastantes vagones (éste sí), y encima al ser mercancías peligrosas iba muy muy despacio. Entonces Domingo Alcubilla decía: “Joder éste sí que es grande, y otro y otro, pero cuántos vagones trae, no se acaba nunca“. Y esto todas la noches.
La foto es irrepetible, mi madre ya no está, mi abuelo tampoco, por eso esta foto tenía que estar.